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25/07/2021

La novena provincia

El bebé.

Detrás del bebé que todos hemos visto en las redes en la foto de la playa del Tarajal de Ceuta y que sostiene un Guardia Civil, había casi 10000 personas más.

Publicado: 20/05/2021 ·
20:07
· Actualizado: 20/05/2021 · 20:07
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Autor

Patricio González

Ingeniero Técnico Naval. Fue alcalde de Algeciras durante doce años (1991-2003). Ha publicado un total de 14 libros

La novena provincia

Espacio dedicado a la problemática del Campo de Gibraltar, aunque también a temas generales de la situación de Andalucía

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Detrás de este bebé  que todos hemos visto en la foto de la playa del Tarajal de Ceuta y que sostiene un  Guardia Civil , había ayer casi 10.000 personas más a las que su gobierno trata como marionetas, pero que son personas como tú y como yo al fin y al cabo.

El bebé, de muy poquitos meses, no se acordará ni se reconocerá en la foto que ha dado la vuelta al mundo, cuando dentro de unos años le digan que ese bebé era él.

El caso es que le contarán, cuando tenga uso de razón, que  no se ahogó aquel día porque ese hombre lo sacó  del agua, como con la mano de Dios, y lo salvó de una muerte segura para lanzarlo a una vida casual. Se lo contarán,  y le parecerá un cuento ajeno. Los demás sabremos que no fue  un cuento.

Porque no es ningún cuento lo que está ocurriendo. No es ningún cuento  que un gobierno amenace a otro usando a gente como arma, utilizando a su propia gente -bebés incluidos- como  munición contra otra gente. 

Lo que es lamentable es que en pleno siglo XXI  se pueda usar a un bebé como arma arrojadiza y que su salvación dependa de la buena voluntad  de un hombre que casualmente era Guardia Civil y afortunadamente le latía el corazón al mismo son que al propio  bebé.

Pero el asunto es triste, tristísimo. Porque el bebé, carne mínima, elemental, de lo que significa ser humano, se encuentra  en la superficie del agua como carnaza de un estado contra otro, y esas gotas de agua que vemos en la imagen representan en todo caso el agua que todo lo lava, lo enjuaga, lo olvida, lo borra como si nunca hubiera pasado.

Tenemos que esforzarnos bastante ya  por recordar  a aquel niño turco, Aylan, que fue un bebé de carne y hueso convertido luego en icono de las justas causas más prometedoras.

La imagen, por efecto de la marea, inunda las redes desde ayer, pero en esas redes quedaremos  todos atrapados una vez más, sin que nadie sepa nada no solo del bebé dentro de un mes, o de  un año, o de  una vida, qué sé yo, que también me tendré que ir, sino de las razones profundas por las que un gobierno juega con otro al poder sin importarle absolutamente nada la vida de gente que vale exactamente lo mismo que la gente que  les gobierna.

 

 

 

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