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Martes 27/07/2021

Atando Cabos

Abrazar árboles

Nos acercamos a una naturaleza que se pierde por el daño global al medioambiente y ella nos devuelve paz y serenidad

  • Plantación de árboles (Archivo).

En estos tiempos de falta de contacto humano no es tan descabellado abrazar árboles. Nunca lo fue, ni cuando el pueblo hindú Bishnois, liderado por una mujer: Amerita Debí, fue masacrado por impedir con sus abrazos que el majarajá acabase con su bosque para ampliar su palacio en el siglo XVIII. Ni cuando en los años 70 otras compatriotas imitaran su gesto para impedir la tala que llevaba a las riadas por deforestación. Ni cuando los jóvenes ecologistas americanos repetían la acción por parques y jardines para simbolizar su vínculo con la naturaleza.

En otro continente, Wangari Maathai, nacida en los años cuarenta, curiosamente al lado de una higuera sagrada, empezó una lucha similar. Las nuevas plantaciones y la explotación maderera estaban acabando con los árboles en su país. Ella movilizó a las mujeres en una lucha por la reforestación que sembró treinta millones de árboles por toda África. Empoderando al mismo tiempo a las mujeres que fueron las que dentro de sus comunidades llevaron a cabo este gran proyecto denominado: "Cinturón verde".

El fenómeno del huerto urbano y el huerto solidario lleva a un montón de gente a cultivar su verdura y a compartirla.

Dentro de las viviendas también se abraza el verde, hay personas con más de doscientas plantas en su casa convirtiéndolas en auténticos vergeles. Las apps para aprender a cuidar las plantas tienen un enorme éxito en internet.

Nos acercamos a una naturaleza que se pierde por el daño global al medioambiente y ella nos devuelve paz y serenidad. También alegría las personas mayores que tienen acceso a viveros y jardines disfrutan de mayor calidad de vida.

Recuerdo un libro llamado: "Mi planta de naranja lima" , de Mauro de Vasconcelos. En él un chaval brasileño de extrarradio encuentra consuelo a sus miserias en su planta, que le sirve de confidente y de refugio. Está lleno de una gran ternura y recomiendo su lectura.

Me alegro cuando los niños juegan con las plantas y los árboles. Cómo lo hizo el gran artista Ibarrola en el Bosque de Oma. Desde 1982 a 1985 fue llenando de personas, figuras geométricas y animales que mirar desde diferentes perspectivas la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Actividad encuadrada dentro del movimiento Lane Art ha convertido en un bosque animado en Valle de Oma.

Ahora más que nunca y siempre: abraza un árbol.

 

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