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Miércoles 16/06/2021

Absit Invidia

Ceremonia de la confusión

Lo que llega como novedad inesperada es la judicialización del fin del Estado de Alarma. Es la renuncia de la política

Publicado: 14/05/2021 ·
18:52
· Actualizado: 14/05/2021 · 18:52
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  • Fernando Simón.
Autor

Pedro García Vázquez

Pedro García es periodista. Director de Informativos de 7 Televisión y Publicaciones del Sur

Absit Invidia

Con la esperanza de ser entendido por lo que pone, y por lo que no. Eso sí, sin ánimo de ofender ni en castellano, ni en latín

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Ojipláticos asistimos a esta ceremonia de la confusión en la que se ha convertido la última fase de la guerra contra la pandemia, basada en el despiporre de los descerebrados y la judicialización de la política.

En poco más de un año, hemos pasado por todo. De la estupidez inicial, al pensar que el virus pasaría de largo, transitamos a la congoja confinada ante lo nunca visto. Llegamos en bucle a las oleadas. Mismos hechos, mismos errores, idénticas consecuencias.

El debate se mantuvo: salud o economía, economía o salud. El antídoto nos proporcionó esperanza, aunque también la ansiedad de ver que las vacunación masiva no acababa de llegar, y por fin ya esta aquí. Eso sí, lo que se ha mantenido como un mínimo común denominador es el enfrentamiento político, y lo que llega como una novedad inesperada es la judicialización del fin del Estado de Alarma. Es la renuncia de la política. Un síntoma preocupante de nuestra democracia. El liderazgo de la lucha contra la pandemia lo tienen ahora los jueces ante una Ley de Salud  Pública que no fue redactada para una situación pandémica. Ya hemos judicializado la política, ahora estamos (aún más) politizando la justicia. Puntapié a Montesquieu y su división de poderes. Si no quieres caldo, toma dos tazas. Si los tribunales no tenían suficiente carga de trabajo, ahora se enfrentan a un sinfín de recursos con un tiempo de respuesta que, evidentemente, no es el deseado en una crisis sanitaria como la actual.

Draghi.

Pedro Sánchez y Pablo Casado pasarán a la historia como aquellos líderes que fueron incapaces de alcanzar un pacto de Estado cuando España contaba por decenas de miles los muertos del Covid. Un gran acuerdo habría dado estabilidad al país en un momento clave, ante un acontecimiento histórico. La política se ha quedado en minúsculas, en el momento más necesario que requería capitulares. Los expertos sanitarios, primero, fueron y son el parapeto de las decisiones de los responsables públicos tanto estatales como autonómicos. Ahora son los jueces. Entonces, yo me pregunto, ¿no sería mejor buscar un Draghi español que forme un ejecutivo de tecnócratas para apuntillar al virus?

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