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Sábado 25/09/2021

El Dedo

Una nota de humor

Su gran emir Sanchiman y su consejero el visir Catedralín y sucedió que muchos de los habitantes de aquel país se contagiaron y fueron muchos los que murieron

Publicado: 08/05/2020 ·
12:00
· Actualizado: 08/05/2020 · 12:01
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El Dedócrata

El Dedócrata no ha sido elegido a dedo. Es una opinión cualificada y rigurosa de la actualidad portuense

El Dedo

El Dedo siempre apunta a los temas más candentes de la ciudad para no dejar títere con cabeza

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Hoy les voy a contar un cuento pero no crean que es un cuento chino, es un sueño que he tenido esta pasada noche. Érase una vez un país muy grande, muy grande donde vivían muchísimas, muchísimas personas. Y he aquí que un día en un pueblo de ese gran país empezaron a morirse un montón de gente, así que muchos de sus habitantes se fueron de allí alarmados por tantas muertes, al parecer causadas por un microbio que se introducía dentro de las personas a través de la nariz y de la boca, dañándoles los pulmones hasta asfixiarlos provocando su muerte. Lo que no sabían los que huyeron de allí es que ya llevaban el microbio dentro. Cuando el Jefe Supremo se enteró mandó a ponerse a todos sus súbditos una mascarilla y que se quedaran encerrados en sus casas.

Naturalmente aquellos que salieron del pueblo empezaron a toser y a estornudar y a rozarse, lanzando parte de los microbios a otras personas  que también enfermaron y así de uno en otro los microbios se extendieron a otros muchos pueblos.

El Gran Consejo que controlaba todas las enfermedades del planeta tierra advirtió inmediatamente a todos los países que tomaran las medidas necesarias para evitar que sus habitantes contragesen esta enfermedad tan contagiosa y que mataba a tantas personas.

Hubo un país que no hizo mucho caso de aquel aviso y continuó celebrando fiestas y acontecimientos masivos, convocados por su gran emir Sanchiman y su consejero el visir Catedralín y sucedió que muchos de los habitantes de aquel país se contagiaron y fueron muchos los que murieron, así que el gran emir ante aquella tragedia provocada por su negligencia y los deseos de poder de Catedralín, declararon una cuarentena a todos sus súbditos, obligándoles a permanecer encerrados en sus casas.

Mandaron a cerrar todas las almonedas, las tenderetes, mercados, telares, serrerías, posadas y todo tipo de comercio, excepto los dedicados a la alimentación y a la alquimia, de forma que se pudiera obtener comida y las pócimas para la salud, naturalmente protegidos por las mascarillas.

Sucedió entonces que las mascarillas eran falsas, no protegían del contagio, y es que habían sido adquiridas por el visir de la salud, el llamado visir Trinquilla por cientos de millones de monedas a un mercader no autorizado pero que le supuso pingües beneficios. Los médicos y físicos luchaban denodadamente contra este enemigo cruel que seguía enfermando y matando despiadadamente e incluso a ellos mismos por la falta del material de protección que el gran emir y los visires de su Consejo debían proporcionarles.

Sanchiman, que tenía todos los poderes, nombró científico, propuesto por el visir Trinquilla, llamado Encartonado Donsimón, para dar cuenta a los súbditos del microbio, indicando el número de contagiados, el número de fallecidos y las precauciones que debían tomar para no caer en las manos de tan peligroso enemigo.

El gran emir, acompañado por el visir de la salud y el científico Donsimón, todos los días convocaban al pueblo en la gran explanada delante de su lujoso castillo y desde las almenas mentían una y otra vez para ganarse la confianza que todos habían perdido.

Mientras tanto, los médicos y físicos presentaron sus quejas al Tribunal de Sabios, denunciando los delitos que presuntamente habían cometido el gran emir Sanchiman, su consejero el  y visir Catedralín, el visir de la salud Trinquilla y el científico Encartonado Donsimón. El Tribunal de Sabios pasado algún tiempo declaró a los acusados…

En ese momento me desperté y colorín, colorado. 

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