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Martes 17/05/2022  

Matrícula de deshonor

La muerte

Más allá del dolor, del vacío que genera cada partida, se nos hace más latente que la vida no promete amor eterno y tomar conciencia de ello es lo más duro

Publicado: 10/05/2022 ·
12:17
· Actualizado: 10/05/2022 · 12:17
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  • Muerte.
Autor

Federico Pérez

Federico Pérez vuelca su vida en luchar contra la drogadicción en la asociación Arrabales, editar libros a través de Pábilo y mil cosas

Matrícula de deshonor

Un cajón de sastre en el que hay cabida para todo, reflexiones sobre la sociedad, sobre los problemas de Huelva, sobre el carnaval...

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No es agradable hablar sobre la muerte, un tema delicado y lleno de eufemismos que solemos fintar para olvidarnos de un final con el que no queremos encontrarnos y que inevitablemente tendremos que asumir. Pero cuando llegamos a una edad, se instala en nuestro día a día y es difícil alejarse emocionalmente de ella, sobre todo cuando se presenta sin avisar. Este domingo concretamente falleció un gran amigo, alguien a quien apreciaba y admiraba, y al margen de la tristeza que se genera por dicha pérdida, cada ‘marcha’ nos recuerda la cruda realidad y nos abre una ventana llena de incógnitas que, hasta el momento, en esta vida no podremos resolver.

Más allá del dolor, del vacío que genera cada partida, se nos hace más latente que la vida no promete amor eterno y tomar conciencia de ello es lo más duro que tendremos que hacer a lo largo de toda nuestra existencia. Cierto es que los años nos van preparando para dicho final, dándonos de bruces con realidades que tendremos que sufrir a través de amigos o familiares, preparándonos para un destino marcado desde el mismo día de nuestro nacimiento. Este hecho pasa desapercibido en nuestras primeras etapas de vida, pero va adquiriendo mayor importancia a medida que vamos gastando años, llegando ese momento en el que asumes dicha realidad en una lucha constante que jamás llegaremos a comprender.

“La muerte no es un desafío”, como bien dijo Leo Buscaglia, y es absurdo perder el tiempo en ello, nos hemos centrado tanto en la muerte que nos hemos olvidado de la vida, o mejor expresado, nos hemos querido alejar tanto de dicho final, que hemos dejado de darle sentido, obviando con ello el aquí y ahora, el vivir el momento. Particularmente, temo a la muerte, me deprime pensar en mi final y me aferro a la vida, pero asumiendo la cruda realidad que tendré que afrontar algún día. Tengo claro que morir es parte de la vida y un hecho que no podemos controlar. Pero vivir sí está en nuestro control y en nuestras vidas mandamos nosotros hasta que llegue la muerte. Mi amigo Antonio Enamorado me comentó hace un tiempo, tras superar un infarto: “Ya he sentido la muerte, y eso te cambia la vida, pero la muerte sigue siendo la misma”. Hasta siempre querido amigo.

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