María Callas

Publicado: 23/11/2022
Autor

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles es periodista y escritor. Exdirector de informativos de Cadena Ser en Huelva y Odiel Información. Autor de 4 libros.

La escritura perpetua

Es un homenaje a la pasión por escribir. A través de temas culturales, cada artículo trata de formular una lectura de la vida y la política

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Pedro Villora (dramaturgo) y Alberto Frías (director) nos presentan en la obra ‘María Callas Sfogato’ a la diva en un momento de atardecer, solitario, gris
Lo malo es cuando una persona empieza a vivir en el futuro: en su futuro. Porque entonces ya solo tiene pasado. Pedro Villora (dramaturgo) y Alberto Frías (director) nos presentan en la obra ‘María Callas Sfogato’ a la diva en un momento de atardecer, solitario, gris, reflexivo, cuando el amor se ha ido no porque nadie la ame ya, sino, como explica, porque ella es incapaz de amar. María Callas (New York, 1923-París, 1977) se muestra aquí apartada en un piso parisino, sin voz, crepuscular, llena de recuerdos, desburdante de tristeza e ironía. Fuera, en la calle, esperan curiosos y periodistas. Dentro, en la casa, espera la muerte.

Esta función significa una exhibición de arte. Arte por todos sitios. En las palabras del personaje de la mezzosoprano. En la colosal escenografía que adorna la honda decadencia de la historia. En la voz sublime de Eva Marco, que canta en directo los temas más recordados de la Callas. En la impresionante interpretación hacia el interior, hacia el dolor, de una inspirada Mabel del Pozo. Todo junto, bien hilado. Todo hermoso. Palabra, música e intérprete. La figura de María Callas es permanente actualidad. Akal publica el libro ‘María Callas. Cartas y memorias’, con edición de Tom Volf. Y se ha representado en Madrid esta obra, que ya está de gira por España. La Callas recuerda aquí a los hombres de su vida. A su marido, Batista, que la ayudó a triunfar pero quizás le quitó dinero. Y al armador griego Aristóteles Onassis, aquel tipo con foto semanal en la revista ‘Garbo’, que era una bestia vestida de smoking. “¡Inculto, Aristo, un hombre malo!”, exclama la Callas. Y Bruna (Anabel Maurín), su ama de llaves, quizás la persona que más próxima estuvo a su intimidad, apostilla: “¿Quién se acordaría ahora de Onassis si su nombre no apareciera en las biografías de María Callas?” Y dirá la Callas -presumiblemente Pedro Villora ha obtenido muchas de las frases de esta obra de entre las cartas y memorias de la diva-: “¿No se dan cuenta de lo cansada que estoy de ser María Callas?”. O bien: “¿Qué es lo que quiero de los demás? Respeto”.

La obra tiene la atmósfera emotiva y sombría del tercer acto de aquella maravillosa y remota ‘Doña Rosita la Soltera’ protagonizada por Nuria Espert con dirección de Jorge Lavelli en 1979 en el teatro María Guerrero. De las personas que ya se han ubicado tristemente en el futuro. Dice esta María Callas/Mabel del Pozo: “Tengo 53 años, no pienso morirme mañana”. Sí, murió aquella mañana. Pero ahí sigue María Callas, viva en su leyenda de música y desamor.

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