Casi otro expolio monumental

Publicado: 05/09/2023
Autor

J. S. Canales

Periodista onubense con más de medio siglo de carrera profesional y una gran dedicación a su tierra, autor de varios libros y reconocido con el Premio de Periodismo Ciudad de Huelva en 2008

Al compás de Huelva

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La nueva configuración de la fuente de la plaza de Las Monjas y su emblemático monumento a Cristóbal Colón podía convertirse en algo más que una aberración
El inicio de esta nueva etapa después del obligado paréntesis veraniego de agosto toma cuerpo en mí  con entusiasmo y amor a la tierra después de confirmar a través de mi buen amigo Pepe Bacedoni  Bravo algo que ya antes precisamente de este paréntesis me hizo pensar que la nueva configuración de la fuente de la plaza de Las Monjas y su emblemático monumento a Cristóbal Colón podía romper moldes y convertirse en algo más que una simple aberración -que ya es un decir- y algo más que un motivo de reflexión para evitar semejante desaguisado igualable, a pesar del tiempo transcurrido, con aquella Fuente Magna emplazada en el mismo lugar y que desapareció del mapa para igualar la horizontalidad del entorno…

Los años han ido pasando y ha sido demasiada la añoranza acumulada después de tan desafortunada desaparición, y ahora con el agravante de eliminar un elemento de gran valor artístico para soportar la increíble figura del descubridor de un Nuevo Continente y así quedar perpetuada la hazaña en la misma capital como coprotagonista con  nuestro entrañable vecino  Palos de la Frontera casi en la misma línea del Tinto y el Odiel de algo que cambió el mundo y que ahora -ironías aparte- ha motivado un doble cambio del conjunto a costa de menospreciar una singular obra de arte -el pedestal o basamento que soporta la escultura- menospreciando la calidad del material empleado no se sabe si para abaratar costes y/o lo que es peor, la obra de un imaginero que Dios sabe lo que estará pensando.

A veces hay quien se atreve a justificar esos cambios siempre y cuando el motivo y la vista no menosprecien lo anterior. Al hilo de la historia no deja de ser una monstruosidad el cambio de la Fuente Magna -¡ay¡ Fuente Magna ,que diría mi entrañable Pepe de Huelva y sus impecables dibujos - , moviendo la cabeza desde el Banco de España, la otra gran incógnita de esta Huelva tantas y tantas veces cateta y ahora mismo autocomplaciente de acciones que son el pan nuestro de cada día y ejemplo de indolencia  y al mismo tiempo puro lamento sin darse cuenta que es cómplice de tantas y tantas carencias en materia de infraestructuras y en lo que se refiere a conservación y/o mantenimiento de su variado y rico patrimonio monumental y artístico suele mirar para otro lado.

La Fuente Magna como el mejor exponente de tanta desidia nos inquieta viendo el viejo edificio de Hacienda, y la no menos entrañable Estación Huelva-Término, y el viejo Mercado de las Colonias, y la Prisión Provincial, y con menos agobio el edificio del Stella Maris, y el de Correos,  y el Hotel Victoria, y pare usted de contar ante tanta y tanta indolencia -no me cansaré de repetirlo- hacia algo que nos legaron otras generaciones y conservamos a regañadientes y, lo que es peor, y volviendo al tema de marras, ya veremos cómo reacciona la ciudadanía ante el desaguisado de una seña de identidad que, aunque de traza moderna, era y deberá seguir siéndolo un referente para el turismo que, lo digo por comprobado, se detiene ante un conjunto ahora mismo cambiado para cualquier perspectiva  y “reestructurado” en lo que a su pedestal se refiere con un simple e improvisado pilar algo así como inspirado en cualquiera de los cientos de pilares de hormigón que soportan la estructura del puente del Odiel. 

La verdad, mi querido lector, que no existe ánimo por mi parte de ensalzar la idea inicial de la obra, pero de ahí a cómo ha quedado, me imagino algo así como contentar a don Cristobal con ese agua sagrada que lo llevó a la gloria y, para seguir perpetuándolo, nada peor  que colocar su respetable estatua sobre un cilindro, creo que de hormigón puro y “originales estrías” para no poner en duda ni menosprecio el líquido elemento que tiene bajo sus pies -cosa que antes no- y menos mal que no lo han girado hacia el Banco de España, nunca un mal sitio el día que aquello sea museo, pero algún valiente se atreva a decir que esto no tiene nada que ver con la Fuente Magna -repito e insisto-, algo más que una aberración protagonizada por un equipo de Gobierno. ¡Ah¡, y para rubricar, ¿seguirá en su sitio la placa descriptiva del autor y los promotores del conjunto? Todo es posible en esta Huelva que menos mal que vibra para el Rocío, ya que ni siquiera se altera cuando gana el equipo decano del fútbol español y ahí lo tenemos como si ahora mismo estuviera preparando la Reválida.

¿Cosas de Huelva?  Sí, como la Ría, que antes tenía a mano doña Pilar y ahora estará condenada a pasar por delante de algo tan lamentable como tener que mirar para otro lado, nunca más justificado, y todo por cuestión de tiempo. ¿Casi otro expolio monumental? Sí, cosas…

 

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