Illa, ¿salvador?

Publicado: 17/02/2021
Autor

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles es periodista y escritor. Exdirector de informativos de Cadena Ser en Huelva y Odiel Información. Autor de 4 libros.

La escritura perpetua

Es un homenaje a la pasión por escribir. A través de temas culturales, cada artículo trata de formular una lectura de la vida y la política

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El prudente discurso de Illa la noche electoral, como durante la campaña, contrastó con las palabras encendidas y furiosas de los líderes de otros partidos
Pedro Sánchez es un político diferente. Un líder con carisma y, además, como escribió Arturo Pérez Reverte del Capitán Alatriste, es un hombre valiente. Pedro Sánchez arriesga en el contexto actual de políticos débiles en el momento de adoptar decisiones y como contagiados de cortedad de miras. La apuesta de Sánchez por Salvador Illa como candidato a la presidencia de la Generalitat del PSC aparecía llena de riesgos: por descabezar al Ministerios de Sanidad en plena pandemia y promover a un político que podía experimentar el desgaste por la gestión de una tragedia, como ha sucedido en varios países europeos. Pero Illa ha ganado las elecciones catalanas con su permanente apelación al diálogo, a pasar página de los enfrentamientos crónicos en ese país: a la esperanza. Illa, sí, recuerda a los políticos de la Transición, aquellos hombres que buscaron el consenso bajo la tormenta y las ‘parabellum’ en un tiempo de incertidumbre y miedo. Illa, además, transmite humanidad mientras reflexiona con voz suave. Catalunya ha recuperado a un político sensacional. Aunque lo haya perdido España. O no.  

Illa pronunció la noche del domingo, después de ganar los comicios, un luminoso discurso lleno de emotividad e, insistimos, de humanidad, en el que subrayó que ese triunfo lo legitima para presentarse a la investidura como presidente de la Generalitat (no repetirá, pues, el error de Inés Arrimadas en 2017, de tan nefastas consecuencias políticas para Ciudadanos que, entre otros fallos, ha conducido a ese partido a la intrascendencia, aunque tal vez se tratara de una formación política artificial, porque ha evidenciado que se ha nutrido de un voto prestado). 

El prudente discurso de Illa la noche electoral, como durante la campaña, contrastó con las palabras encendidas y furiosas de los líderes de otros partidos, desde ERC a Vox. La oratoria de Oriol Junqueras remitió a lo que escribió Manuel Azaña: “El provincianismo fatuo del independentismo”. Y las palabras de Santiago Abascal parecían pronunciadas bajo el cartel de la puerta de los viejos cuarteles: “Todo por la patria”. Ganó Illa y Miquel Iceta se permitió otro de sus bailes en la sede del PSC. Pero, pese a la victoria socialista, el independentismo reforzó su mayoría. Lo aseguró Ortega y Gasset en un remoto discurso: “El problema catalán es un problema que no se puede resolver”. Como diría Miguel Ángel Aguilar: “Veremos”.

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