Voluntariado

Publicado: 21/06/2021
Autor

Federico Pérez

Federico Pérez vuelca su vida en luchar contra la drogadicción en la asociación Arrabales, editar libros a través de Pábilo y mil cosas

Matrícula de deshonor

Un cajón de sastre en el que hay cabida para todo, reflexiones sobre la sociedad, sobre los problemas de Huelva, sobre el carnaval...

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Hoy mi agradecimiento para todos aquellos que contribuyen desde el voluntariado, retribuidos o no, para hacer nuestro mundo un lugar mejor
En estos tiempos de necesidad Andalucía puede presumir de tener una red inmensa de voluntariado que asume las miserias que los organismos gubernamentales dejan a merced de una sociedad cada vez más individualista y egoísta y que está marcando los patrones de conductas de un futuro más clasista y discriminatorio, dando una visión futura poco alentadora. Mis más de 40 años en el tercer sector no son suficientes para crearme aún una imagen clara del futuro incierto que tendrá el sistema actual asociativo que sigue latiendo a base de pasión y con mayores carencias que hace varias décadas.   

Los valores necesarios para asumir responsabilidades dentro del asociacionismo son cada vez más escasos y aquellos tres conceptos -altruismo, empatía y solidaridad- que vociferamos hasta la saciedad quedan ya lejos de nuevos perfiles que velan más por sus intereses laborales y remuneraciones económicas que por lo verdaderamente importante, aunque reconozca que no deberían ser excluyentes. Trabajar en una ONG va mucho más allá de las retribuciones económicas y requiere de actitudes que deberían marcar un estilo de vida por y para los demás. El voluntario o la actitud voluntaria en todo su contexto, debería ser la esencia para implicarse en el tejido asociativo con un único propósito y objetivo: ayudar a los demás, y nunca el ayudar a los demás debería ser el medio para sacar tajada como seguimos observando desde las trincheras sociales.

La politización de las asociaciones es otra de las sucias artimañas políticas que están acabando con los verdaderos valores, donde prostituyen la dignidad de sus usuarios que requieren una libertad y ayuda sin condiciones. Las necesidades actuales superan con creces los recursos para minimizar dichas carencias y el motor que moviliza el mundo sigue siendo el voluntariado, pero desde esa perspectiva fiel a las necesidades, sin edulcorantes que tiñan a intenciones el verdadero propósito personal que mueve dicho sector. Ser voluntariado es la base fundamental para construir mundos mejores, es el mayor capital humano que genera una enorme contribución a la sociedad y una mayor conciencia social con el objetivo de crear cambios en las injusticias desde esa lucha activa y directa que mancha nuestras manos de dolor y rabia ante la impotencia de muchas de nuestras acciones. Hoy mi agradecimiento para todos aquellos que contribuyen desde el voluntariado, retribuidos o no, para hacer nuestro mundo un lugar mejor.

 

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