Sánchez

Publicado: 06/07/2022
Autor

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles es periodista y escritor. Exdirector de informativos de Cadena Ser en Huelva y Odiel Información. Autor de 4 libros.

La escritura perpetua

Es un homenaje a la pasión por escribir. A través de temas culturales, cada artículo trata de formular una lectura de la vida y la política

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Pedro Sánchez está viviendo la presidencia más difícil desde Adolfo Suárez, con una pandemia que dejó el país de luto y lleno de pobreza, y ahora la guerra
Escribió Francisco Umbral que hay un momento en la vida del hombre inteligente en el que la inteligencia deserta. Alberto Núñez Feijóo aguarda agazapado en la sede popular de la madrileña calle Génova –que ya no está en venta como pretendía el desafortunado Pablo Casado- a que la inteligencia de Pedro Sánchez deserte. Pero el presidente del Gobierno ha salido muy fortalecido políticamente de la exitosa cumbre de la OTAN celebrada en Madrid, en la que paseó por los pasillos del Museo del Prado escoltado por Las Meninas delante de 30 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos Joe Biden, que es un demócrata con una creciente mentalidad republicana, con el que Sánchez ha logrado restablecer las relaciones diplomáticas que dinamitó José Luis Rodríguez Zapatero cuando ordenó el abandono unilateral de las tropas españolas de Irak.

Pedro Sánchez está viviendo la presidencia más difícil desde Adolfo Suárez, con una pandemia que dejó el país de luto y lleno de pobreza, y ahora la guerra de Putin, que amenaza con ubicar a España en otoño en una situación de emergencia económica. Pero la memoria carece de memoria y lo que ha calado en la opinión pública es la idea envenenada del ‘sanchismo’, que proyectan las derechas con feliz resultado para sus intereses, como si Pedro Sánchez anduviera cada día tomando botellines de cerveza con Mertxe Aizpurúa, de Bildu, por la Puerta del Sol, como en su día hizo Pablo Iglesias con Alberto Garzón para la foto. Ese ‘sanchismo’, sí, que trata de romper España con su alianza con los independentistas, o directamente “este Gobierno de mariconazos que ha permitido que el país se llene de ‘sin papeles’”, que gritaba recientemente un hombre en un bar de Madrid como inyectado en la cólera de Vox.

Pero a Pedro Sánchez le falla el partido. El PSOE parece paralizado, superado por la realidad. Al grito de “sanchismo” reiteradamente proferido por tertulianos televisivos y radiofónicos, el Partido Socialista se muestra incapaz de trasladar a la sociedad los avances promovidos por el Gobierno de coalición. Como la reforma laboral, la subida del salario mínimo, la actualización de las pensiones, el ingreso mínimo vital, o las leyes de protección de la sanidad y la educación, entre otros. El Ejecutivo y el PSOE necesitan de portavoces de peso político, porque estamos ante el reto de la política no de los tecnicismos. Pero ahora Pedro Sánchez ha difuminado ante los mandatarios europeos la imagen de radicalismo que difunden las derechas y ha abierto camino hacia lo que Cervantes llamaba “viajar hacia los hombres discretos”.   

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