Vargas Llosa

Publicado: 15/02/2023
Autor

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles es periodista y escritor. Exdirector de informativos de Cadena Ser en Huelva y Odiel Información. Autor de 4 libros.

La escritura perpetua

Es un homenaje a la pasión por escribir. A través de temas culturales, cada artículo trata de formular una lectura de la vida y la política

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El escribidor, en definitiva, ha retornado a la Literatura. Literatura, sí, con mayúsculas. Porque el 9 de febrero ingresó en la Academia francesa
Mario Vargas Llosa ha vuelto (aunque no lo había dejado en absoluto pero se le veía en otras cosas) a la lucha con las palabras para hallar la de mayor precisión en la escritura, a la difícil y placentera búsqueda en el lenguaje de la expresión más exacta, a la invención de peripecias y seres irreales que pueblen las páginas de sus libros, a la renuncia de los adjetivos (no le gustan nada). El escribidor, en definitiva, ha retornado a la Literatura. Literatura, sí, con mayúsculas. Porque el 9 de febrero ingresó en la Academia francesa, institución fundada por el cardenal Richelieu, y ya es ‘Inmortal’, palabra con la que se conoce en Francia a los académicos. Tiene el escribidor 86 años y las arrugas comienzan a arañarle con violencia el rostro, mantiene una elegancia casi trascendental, pero ya no es aquel hombre en plenitud de la vida con un desbordante glamour de pelo blanco y voz dulcemente grave con música del Perú que en 1995 paseaba triunfal rodeado de admiradores por los jardines de la Casa Colón de Huelva, cuando presidió el jurado del Festival de Cine. Vargas Llosa considera aburrida y absurda la inmortalidad, como ya sostenía Jardiel Poncela en su obra ‘Cuatro corazones con freno y marcha atrás’, pero escribe para evadirse de la muerte. “La literatura es una defensa contra la muerte”, ha dicho.

La literatura, pues, como refugio ante la muerte. Mientras, el amor constituye una forma insuperable de esquivar la idea de la muerte, porque evade de pensar en nada que no sea la vida. Pero el amor es considerablemente más frágil que la vida, se rompe fácilmente. El escribidor e Isabel Preysler hicieron en diciembre pública su separación. Mario ha retornado a su ámbito, su casa del centro de Madrid llena de estanterías repletas de libros, en una atmósfera de metáfora y palabras. Es el entorno de un Premio Nobel de Literatura, aunque en la casa no habite esa pasión indescriptible en la que fluye la vida misteriosamente como la sangre, a borbotones, porque así es siempre un gran amor. Mario construye con enorme esfuerzo sus historias, sus cuentos. Isabel Preysler, persona inteligentísima, ha vivido siempre del cuento, aparentemente con una facilidad superlativa. Vargas Llosa retoma el universo sublime de Flaubert, su escritor de referencia. Y quizás se cite por las noches con Madame Bovary para compartir juntos horas y horas bajo la luz de un flexo. La literatura salva y condena. El desafío con las palabras ante el folio en blanco espera cada día. Hay que escribir. Nunca dejes de escribir. Dicen que Umbral murió intentando dictar su último artículo.

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