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Sábado 31/07/2021

La tribuna de Viva Sevilla

Faltó la letra S

Miguel Olid Suero, doctor en Comunicación Audiovisual, realiza un balance de la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla

Publicado: 19/11/2020 ·
22:39
· Actualizado: 19/11/2020 · 22:39
  • Festival de Cine Europeo de Sevilla.
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Viva Sevilla

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Por una cuestión de calendario y por una aviesa jugada del destino, tres de los más destacados festivales de cine andaluces, Málaga, el iberoamericano de Huelva y el dedicado a la cinematografía europea de Sevilla, han estado entre los más afectados por la Covid-19; sólo se libró Alcances, de Cádiz, programado en su fecha habitual, septiembre, menos golpeado por la pandemia. La fecha prevista de inauguración del Festival de cine español de Málaga era el viernes 13 de marzo, nada menos que en vísperas de la declaración del Estado de Alarma; como la situación empezaba a ser complicada, a tres días de la inauguración se decidió su aplazamiento y finalmente éste tuvo lugar en agosto, con las medidas habituales de mascarillas, distancia social y aforo reducido. Los responsables de los festivales de Sevilla y Huelva vieron cómo, pocos días antes de la inauguración, la Junta de Andalucía ordenaba la limitación de horarios. Ante esta situación, en Huelva optaron por hacerlo íntegramente en internet mientras que en Sevilla prefirieron seguir adelante; rehicieron la programación, pero en pleno ecuador del certamen, ante el endurecimiento de las restricciones horarias, volvieron a tener que programar en poco más de 24 horas y cancelar más de 100 proyecciones. Es curioso, pero ninguno de los festivales andaluces coincidió en la misma opción; de las tres posibles, cada uno eligió la que consideró más oportuna: cambio de fecha (Málaga), versión digital (Huelva) y continuar como si nada (Sevilla); en las dos primeras decisiones pesó la prudencia y acertaron, pero en Sevilla, tal vez por exceso de autosuficiencia o por pecar de soberbia, optaron por no alterar los planes hasta que, como era previsible, los planes tuvieron que ser cambiados y componer una tercera programación. Lo incomprensible, o no, es que el director del SEFF, el asturiano José Luis Cienfuegos, duplica su experiencia, aunque en este caso no lo parezca, como director al frente de un certamen cinematográfico, respecto a la de los responsables de Málaga y Huelva, Juan Antonio Vigar y Manuel H. Martín, respectivamente.

Por fortuna, aunque ha costado, cada vez hay mayor presencia andaluza, eso sí, no en el equipo directivo, e incluso en esta edición había un cineasta sevillano, Alejandro Salgado, en el Jurado de No Ficción (uno de los diez miembros de los tres jurados, “todo un avance”), pero de momento parece que el director del certamen sigue sin encontrar andaluces capacitados para conducir la gala inaugural y tiene que buscar más allá de Despeñaperros, medida muy “lógica y comprensible” en este contexto social, con el mundo de la cultura sumido en una situación no precisamente boyante. Tal vez si Cienfuegos se empapara de películas y obras de teatro andaluzas, asistiera a funciones de cómicos de la tierra y se adentrara en nuestra cultura, constataría su excelente nivel, pero hace falta ese paso adelante y voluntad de implicarse. Con las salas de cine ha ocurrido algo similar. Cuando, tras ser cesado en Gijón, aterrizó en Sevilla para la primera edición, en 2012, descartó los Nervión Plaza, donde se venía celebrando el festival, y optó por los cines Alameda, Avenida y Plaza de Armas; fue muy criticado por esta dispersión de salas, pero al año siguiente rectificó y las proyecciones volvieron a Nervión Plaza. Y ahora, justamente en esta edición tan especial, con los cines inmersos en serios problemas de mera supervivencia, lo lógico es que hubiera contado con alguna o las tres empresas sevillanas de exhibición (y no será porque no ha habido algún ofrecimiento al respecto), en lugar de dedicar una no insignificante partida presupuestaria a la francesa MK2, propietaria de los cines Nervión tras su compra a una empresa cordobesa. Tal vez por una cuestión de inercia, por la falta de arraigo en Andalucía o por una carencia de sensibilidad, manifestada en otras ocasiones, se ha descartado insuflar oxígeno a este importante sector del cine andaluz. Pero visto lo visto, la S de sensibilidad, de sentido común y de Sevilla ha brillado por su ausencia.

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