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Cine indestructible

Después de una espera de meses ante esa cartelera dominada por el habitual “fast food” que rige nuestra ciudad, el heroico estoicismo se ha visto...

Publicado: 23/11/2018 ·
00:05
· Actualizado: 23/11/2018 · 00:05
Autor

Javier Extremera

Javier Extremera es crítico de música clásica. Asimismo es técnico de Cultura en la Diputación de Jaén

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Este espacio trata la mirada más certera y crítica a la realidad (cuando la hay) cultural de Jaén

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Después de una espera de meses ante esa cartelera dominada por el habitual “fast food” que rige nuestra ciudad, el heroico estoicismo se ha visto recompensado con la llegada inesperada de la que seguramente será la mejor película exhibida este año por estos recónditos lares. Había que frotarse bien los ojos frente a la taquilla para constatar el milagro. Entre el maremágnum de cine deforme y salchichero, conseguía colarse por las concertinas comerciales una película de nacionalidad polaca y encima –para más inri- rodada en blanco y negro. Desde aquella crepuscular “Los puentes de Madison” que filmara un Eastwood en estado de gracia, no se había visto eclosionar en una pantalla una historia de amor tan profunda, intensa y emotiva como la que provoca esa desgarradora y trágica elegía romántica que lleva por título “Cold War”, filmada por ese maestro de la sugerencia y la ambigüedad que es Pawel Pawlikowski, cineasta que parece querer reinventar el cine en cada plano. Como ya hiciera hace unos años, cuando presentó la magistral y redentora “Ida”, en su sexto largometraje de ficción vuelve a regalarnos otra de esas obras hermosas e imperecederas. Cine bello, elegante y de esencia pura, que jamás cubrirá el polvo del tiempo.     Ambientada en los años de posguerra de la Polonia comunista (país que el realizador abandonó con apenas 14 años) e inspirándose en la relación que mantuvieron sus padres, la cinta nos habla de la evolución sentimental y del irrefrenable impulso de una pareja condenada a las idas y venidas del amor. Separaciones y encuentros que marcarán a fuego sus vidas, siempre rodeados por un entorno hostil y cerrado que continuamente los asfixia. El filme, con un fuerte aroma musical y magníficamente interpretado, está envuelto por una fascinante belleza plástica (gracias en parte a su exquisito blanco y negro), una estilizada narrativa (pantalla cuadrada, cámara inmóvil sin primeros planos, inusuales encuadres que dejan mucho aire sobre las cabezas de los actores), unos diálogos donde cada palabra dicha es la precisa y un apasionante desarrollo dramático en el que cada mirada tiene su significado. Una de esas películas escritas con la cámara y no con una pluma. “Cold War” posee además uno de los finales más abiertos, directos, poéticos e impactantes de los últimos tiempos donde, como sucedía en el drama wagneriano “Tristán e Isolda”, la búsqueda de la unión eterna solo se consigue a través de la extinción. Cine indestructible.

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