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Sábado 25/09/2021

Quien a buen árbol se arrima...

Quitarle la comida al dragón

Cada vez se aprecia más en las redes sociales la preocupación por la situación del medio ambiente. Aparecen más post y reflexiones que denuncian...

Publicado: 11/05/2021 ·
21:44
· Actualizado: 11/05/2021 · 21:44
  • Agente de medio ambiente.
Autor

Manuel Ruiz

Manuel Ruiz es biólogo y ocupa el cargo de presidente de la Asociación Ecologista GEA de Jaén

Quien a buen árbol se arrima...

Cuaderno sobre la importancia de ser responsables medioambientalmente y otras cuestiones culturales y patrimoniales de Jaén

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Cada vez se aprecia más en las redes sociales la preocupación por la situación del medio ambiente. Aparecen más post y reflexiones que denuncian abiertamente el cambio climático, la gran pérdida de biodiversidad o el grave problema de los plásticos (con el agravante de los omnipresentes micro-plásticos, que se introducen en nuestros organismos). Y así podríamos seguir enumerando los problemas ambientales asociados a nuestra forma de vida.

Es positivo que cualquier problema se visualice de manera masiva en las diferentes formas de escaparate que tiene nuestra sociedad. Pero con frecuencia el análisis se reduce a echarle la culpa al capitalismo, y ya está.

Ciertamente el capitalismo salvaje está detrás de latrocinios ecológicos, amén de injusticias sociales, violación de derechos humanos, etc. Pero no es el único que canaliza una ambición y codicia desmedidas, una avidez desmesurada, auténtico origen del problema. Por otro lado, la propia forma de expresarlo, utilizando la tercera persona del singular (“él”), pone fuera de nosotros el agente causal de los problemas ambientales. Y no es verdad.

Es cierto que el modo de vida capitalista sin ninguna regulación, basado en el incremento del capital con los menores costes posibles, es el origen, directo o indirecto, de tantos males ecológicos, sociales e individuales, pero no es menos cierto que la mayor parte de nosotros somos agentes del capitalismo como consumidores (compulsivos en diferentes grados) de todo lo que el capitalismo produce.

Al dragón no parece que vaya a eliminarlo nadie. En palabras de Jorge Riechmann “lo ecológicamente necesario y técnicamente viable, es cultural y políticamente imposible.” Queda entonces la opción de aplacarlo, vía regulaciones legislativas (cuyos resultados, a la vista está, dejan mucho que desear en demasiadas ocasiones) u otra opción más directa: quitarle la comida al dragón.

Tenemos que reducir nuestro consumo, y si eso se lleva a cabo a una escala apreciable, producirá efectos en cascada en todo el sistema. Hay que reducir el consumo de plásticos, de energía, de agua, de todo aquello que realmente no nos hace falta. Hay que acostumbrarse a vivir con menos, con mucho menos.

Y aparte de la información más técnica sobre los procedimientos a seguir o sobre las características y consecuencias de los productos que compramos, hay actitudes individuales que ayudarían a revertir la dinámica del consumo, porque nos permitirían reducir nuestra dependencia exterior (a través de nuestras compras) para ser felices (objetivo principal de todos y cada uno de nosotros).

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