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Jueves 27/01/2022  

Desde la Bahía

Diciembre constitucional y festivo

El paganismo y la falta de religiosidad, lo cubre el velo del villancico, cuya urdimbre tiene rasgos de sublime y divino

Publicado: 07/12/2021 ·
15:51
· Actualizado: 07/12/2021 · 15:51
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Autor

José Chamorro López

José Chamorro López es un médico especialista en Medicina Interna radicado en San Fernando

Desde la Bahía

El blog Desde la Bahía trata todo tipo de temas de actualidad desde una óptica humanista

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La Isla es más singular que distinta. Tuvo un momento sublime para salir por la "puerta grande" de la historia, cuando contribuyó de manera decisiva en que se llevara a término la redacción de la Constitución de Cádiz, pero el día que se promulgó no estaba en la "puerta de cuadrillas". No se había anunciado en los carteles del festejo.

 Pero lo importante es lo que esta segunda Carta Constitucional Española significó en nuestra nación y en el mundo.

El año 1978 trajo una nueva alegría a España - muy distinta a aquella del 14 de abril republicano, de tan triste y trágico recuerdo - y una nueva y moderna Constitución abría el camino de la concordia, la paz, el bienestar y el progreso. Era el bálsamo que necesitaba una sociedad dividida, enfrentaba y con un bajo fondo de resentimiento, cuando no, venganza. Se promulgo el día 6 de diciembre. Hoy precisamente es su cumpleaños.

Por su corta edad, esta Carta Magna precisaba un cuido y protección excepcional, pero los padres y herederos de la misma han dejado que poco a poco fuera atacada por distintos agentes tóxicos - ideales de partidos - y a día de hoy y por más que se quiera mejorar, es enferma crónica, de progresiva evolución hacía la desaparición. Ha habido olvido terapéutico, pero sobre todo mala praxis o deseo de eutanasia, por aquellos galenos políticos que tenían que defender su salud. Decrépita, tiene en la actualidad que soportar insultos, descalificaciones y desobediencias diarias, Su cuerpo - la nación española - ve como se le desmembran sus miembros sin posibilidad de reinserción.

Ya solo quedan vestigios de lo que fue el gran comercio de la sal y la Isla con su reducida industria naval, solo piensa en una "economía de servicios", apagada en su fondo, pero sonriente ante este mes de diciembre que comienza con el "puente de la Constitución" . Los comercios, pequeñas y medianas empresas se ilusionan con la posibilidad de poder recuperar tanto beneficio perdido. 

Nadie recordará el Milagro del Empel o la batalla de Empel en los días 7 y 8 de diciembre de 1585 a raíz de la cual, la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de Los Tercios Españoles y posteriormente de la actual Infantería (que le rinde honores), Su imagen aparecida en trinchera, fue decisiva en el triunfo.

Los trabajadores buscan un salón donde ante un buen vino, mariscos y jamón, puedan compartir frases agradables y risas continuadas con aquellos que durante el resto del año, la pandemia y la mascarilla no les ha dejado ni contemplarse el rostro. El aire se llenará de "castillos" cuyas almenas apuntan al bombo de la lotería de "El gordo". Después solo algunos conseguirán aumentar el peso y los demás se quedarán sometidos a la dieta del sueldo mensual.

Vuelven familiares y amistades por Navidad. Brindis y abrazos. Los niños han cambiado la ilusión unitaria por un tríptico en el que padres, Papa Noel y Reyes Magos se ven obligados a dejarles sus regalos por separado y en distintas fechas, sin que ninguno de los juguetes les ilusione más allá de uno o dos días. Luego vuelta a las "maquinitas".    El paganismo y la falta de religiosidad, lo cubre el velo del villancico, cuya urdimbre tiene rasgos de sublime y divino. Y preparamos nuestros recién adquiridos vestidos para despedir un año, que no ha sido capaz de ofrecernos durante su larga existencia una victoria completa sobre un virus que amenaza y cumple. Pero vamos todos a despedir el año con uva, cante y baile, y quizás llevando algún folio doblado en la cartera, donde se ha grabado con el fin de darle mayor veracidad, todo aquello que nos proponemos hacer en el nuevo año y que quizás tenga la misma duración que el gusto del niño por los juguetes regalados. Después y tras el término de tanta efeméride, volveremos a ser los mismos y a la Constitución no le llegará, ni la curación, ni la eutanasia, porque hemos preferido. a modo de cobaya, dejarla evolucionar al aire de los separatistas y radicales que se sienten cómodos en el ensayo, pero nunca llegan a conclusiones eficaces o definitivas, porque la enfermedad es su mejor caldo de cultivo.  

Y los "santos inocentes" que la crueldad de un tirano, les quitó la vida ante de los dos años, ahora son seres humanos mayores de "dieciocho abriles" que inocentemente depositan el voto cada cuatro años -o menos - creyendo como en el sorteo de la lotería, que vamos a conseguir "el premio gordo" de un gobierno ideal, aunque luego solo nos toque la "pedrea" de algún "gabinete frankenstein".    

 

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