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Sevillaland

Hogueras

La noche más corta del año, San Juan, con toda su lírica de ritos iniciáticos, ha dado paso hoy al día más largo, carente de toda emoción poética. Es curioso...

Publicado: 23/06/2019 ·
21:57
· Actualizado: 23/06/2019 · 21:57
Autor

Jorge Molina

Jorge Molina es periodista, escritor y guionista. Dirige el programa de radio sobre fútbol y cultura Pase de Página

Sevillaland

Una mirada a la fuerza sarcástica sobre lo que cualquier día ofrece Sevilla en las calles, es decir, en su alma

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La noche más corta del año, San Juan, con toda su lírica de ritos iniciáticos, ha dado paso hoy al día más largo, carente de toda emoción poética. Es curioso que este ecuador del año no se celebra en Sevillaland, cuando pocas ciudades hay más vinculadas al sol en su trazado urbanístico, en su carácter, en su alma en resumen.

Las noches de San Juan del siglo XXI se pueblan, como las del medievo, de felices jóvenes que saltan sobre hogueras y luego apaciguan sus calores corporales con otras personas en el mismo estado astral, cobijándose bajo el cielo de playas y campos, benditos sean. Los impulsos primarios siguen marcando la pauta del comportamiento humano, por más refinados que queramos ser o estar.

Por fortuna, nos vamos dando normas de comportamiento que fijan la frontera inexcusable: tus derechos acaban donde empiezan los del otro. Es lo que procura la Justicia, fijar la cordura, corregir abusos, castigar al delincuente.

Me acuerdo hoy del juez de Pamplona que creyó que los cinco lobos de la manada eran inocentes y debían, añadió, ser excarcelados.

Una opinión jurídica que puso en papel a lo largo de varios folios para quien quisiera entender la auténtica verdad, pensaría él. Cualquiera puede errar, así que sólo espero que ese ciudadano haya corregido su criterio porque, si no, pobre muchacha a la que le toque impartiendo justicia en los años que le queden de togado.

Amanece tras la noche de San Juan y el abogado de la manada reaparece como uno de esos machos alfa que pueblan los platós de las emisoras de televisión coprófagas. Sus viriles puntos de vista judiciales encajan con el hooliganismo que exhala en el plano personal. El señor letrado recuerda a esos entrenadores que apelan a los huevos de sus chicos y gritan en la banda brazos en alto contra el juez árbitro.

Amanece el lunes de San  Juan, las hogueras se apagaron, como la furia del abogado, pero ya nada será igual. No me refiero a los cinco hombres que estarán tocándose sus gónadas, ahora con amargura, en la cárcel, sino al brillo de una sentencia que labra sobre mármol otro hito por la convivencia; contra tantos que pontificaban sobre feminismo, vaso de tubo y llavero de Vox en la mano. Hasta ellos pierden la mirada en el horizonte después de leer los folios escritos, unánimemente, por cinco jueces del Supremo: tres hombres, dos mujeres.

Dice el letrado futbolero que era obvio el guión de la peli, que sus chicos estaban condenados desde el principio. Manda huevos. Pues no les cobres la minuta.

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