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Sábado 31/07/2021

Una feminista en la cocina

Perdóname

Debes perdonarme la impertinencia de hablar contigo en público

Publicado: 05/05/2021 ·
08:37
· Actualizado: 05/05/2021 · 15:33
Autor

Ana Isabel Espinosa

Ana Isabel Espinosa es escritora y columnista. Premio Unicaja de Periodismo. Premio Barcarola de Relato, de Novela Baltasar Porcel.

Una feminista en la cocina

La autora se define a sí misma en su espacio: "Soy un cajón de sastre anímico. Así que cógete a lo que puedas, porque vienen curvas"

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No es de extrañar que Scrooge estuviera de tan mal humor sin familia, ni pareja, con nieve reinante y el alma desmigada como peladura de plátano.                                                                                                                                    

El confinamiento y la segunda ola de coronavirus afecta ya a la salud mental de los gaditanos.

Debes perdonarme la impertinencia de hablar contigo en público. Pero , tranquilo, nadie nos lee. La lectura se ha convertido en un bien tan devaluado que los libros campan por los mercadillos y las estanterías de los ambulatorios sin que nadie les mire, ni les pase las páginas. Sé que te prometí ocuparme de mi misma, pero todo se me va en recuerdos y ensoñaciones. No escribo más que esto que más parece matadura de gato, porque nada me impresiona más que la muerte a degüello y la poca humanidad imperante. Hemos llegado a Marte sin saber por qué, ni el cómo de tan desaliñada planicie de cráteres profundos y polvo en suspensión. Lo mismo es eso, que el amor se ha muerto y no nos hemos dado cuenta. La música del gimnasio está demasiado fuerte para que se nos olvide todo, incluido el dolor de rodillas que nos regaló el doblegarnos, el intentar olvidar o el mancillar las memorias del ayer con la mediocridad del hoy. Vegeto como antes respiraba aire de la Bahía desde una balconada invisible al pie de la Sierra de San Cristóbal. Nunca estuvo ahí, pero siempre la vi en tus ojos y en tu sonrisa. Eso es lo malo, que recuerdo y en la comparativa todo se me hace agua.

Mis rotulas están seguras que Cristina se ha llevado la felicidad de su madre, desmigada como el atún de lata, como la peladura de plátano remasterizada al sol para que se convierta en abono de potasio. Aún vive en la ausencia de sus veinte años, pero ahora es tan real que ya no lo parece. Lo mismo me pasa a mí que ni tomo nada, ni bebo, ni fumo, ni me vacuno porque no me llega la edad para el pinchazo. Es lo que tiene no ser importante para el País, porque escribir está muy devaluado y si lo haces con tinta de guano, aún más. Ni Cristina, ni yo, sabemos lo que se cuece, ni nos alegramos por nada en nuestra realidad patética de cosas rutinarias y amigos que van y vienen, gente que más parece de video juego casero donde nunca invaden los alienígenas , ni los zombis nos comen la cara. El covid se nos ha colado por la trasera, pero ya lo hemos domesticado, no por las vacunas ni las normas precautorias, sino porque lo hemos masticado y puesto un uniforme; Ha pasado a nuestro anecdotario particular como las mascarillas o las distancias. Perdóname, pero echo de menos tus abrazos, el hueco de tu hombro, tu magnitud  humana, tu risa callada, tu voz fuerte y esa forma de llamarme que se ha perdido entre tus cenizas y mis lágrimas.

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