¿Nos volvemos más tontos?

Publicado: 03/09/2021
Autor

Pedro García Vázquez

Pedro García es periodista. Director de Informativos de 7 Televisión y Publicaciones del Sur

Absit Invidia

Con la esperanza de ser entendido por lo que pone, y por lo que no. Eso sí, sin ánimo de ofender ni en castellano, ni en latín

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Si Kafka levantara la cabeza probablemente volvería a escribir 'La Metamorfosis'
China ha puesto pie en pared prohibiendo que los menores de edad dediquen más de tres horas a la semana a los juegos en línea a los que ha tildado de “opio espiritual”. Pediatras de Málaga alertaron ayer de que los jóvenes pasan al menos cinco horas al día frente a las pantallas de los dispositivos, y que este uso desmedido genera déficit de atención, agresividad, menor rendimiento académico y dificultades en el desarrollo del lenguaje, entre otras cosas.

Hace una década el escritor estadounidense Nicholas Carr, en su libro Superficiales, ya se formulaba la siguiente pregunta retórica: ¿Google nos está volviendo más estúpidos? Este autor advertía entonces, y también lo hace ahora, de que el uso de la tecnología tiene grandes repercusiones mentales porque nos roba nuestra atención, y eso hace que pensemos más deficientemente. Defiende que cuando navegamos por internet o usamos el teléfono móvil obtenemos una gran cantidad de información multimedia muy fragmentada a lo que hay que añadir las múltiples interrupciones por las alarmas que activamos para recibir últimas noticias. Concluye que las grandes perjudicadas de un uso irracional de las nuevas tecnologías son las formas más elevadas del pensamiento: contemplación, reflexión e introspección.



El navegador del coche (esto ya lo digo yo), probablemente uno de los inventos que más nos han facilitado la vida, también atonta. Antes, cuando uno llegaba a una ciudad desconocida trataba de orientarse a través de un mapa y en última instancia -ya se sabe que a los hombres no nos gusta hacerlo- preguntar a alguien.

Es evidente que nuestro cerebro se está adaptando a estos nuevos hábitos. Hay estudios, además, que demuestran que el coeficiente intelectual de los nativos digitales es inferior al de sus padres. El afán por lo inmediato, que se inició con el nacimiento de los ordenadores, se ha disparado. Nunca estamos satisfechos. Siempre queremos más y más rápido.

Además, continuamos más preocupados por los bulos y la propiedad intelectual que por las consecuencias que en el futuro tendrá el uso abusivo de las pantallas en nuestro cerebro. Si Kafka levantara la cabeza probablemente volvería a escribir La Metamorfosis

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