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Jueves 23/09/2021

Teología de Málaga

Teología de Málaga. Escandalofolia

El escándalo es una de nuestras grandes pasiones

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El escándalo es una de nuestras grandes pasiones. Aunque André Breton proclamara que el escándalo ha muerto, porque ya nada podía ‘épater le bourgeois’, nada podía impresionar a las sociedades acostumbradas a todo, lo cierto es que seguimos consumiendo escándalos como palomitas en el cine. El video del entrenador del Málaga filtrado esta semana es un buen ejemplo. Claro que, en realidad, lo escandaloso no es tanto el video como lo que haya detrás de su difusión, ya sea una trama convencional de sextorsión, dedicada a extorsionar a cambio de contenidos robados por hackers, o una operación de juego sucio orquestada desde el club o sus para cargarse a un entrenador que no es sumiso a la dirección a la que ha desnudado en público. En todo caso, un asunto feo.

Tal vez haya que celebrar que, horas después de estallar el escándalo, se haya impuesto la tesis de que aquí no hay más que una extorsión delictiva mediante un video privado. Durante horas, sin embargo, se produjo una viralización feroz a través de las redes acompañada de gracietas de sal gorda. Todavía las chanzas y memes corren por el whastapp. Aquí no sólo hay que señalar al jeque o a los ciberdelincuentes, sino a cada uno de los que han reproducido ese video. En ‘El honor perdido de Katharina Bloom’, Heinrich Böll reflexionaba no sólo sobre la acción depredadora de la prensa sensacionalista, sino la necesaria complicidad de los ciudadanos; y esto es algo que ahora se multiplica exponencialmente, enredados de Facebook a Instagram o Twister. La viralizando del video interpela a cada cual que haya hecho clic, una vez, dos, quizá diez, o cien, o mil veces.

Uno debería interrogarse de que algo así te parezca divertido: un error temerario pero ingénuo, sobre el territorio íntimo de la sexualidad, objeto de una extorsión. Neil Postman, en su ensayo ‘Divertirse hasta morir’, se preguntaba de qué nos reímos y en qué momento dejamos de pensar. La sociedad del espectáculo consume escándalos apasionadamente, pasándolo en grande con esa escandalofilia, sin preguntarse por la repercusión humana. El precio es alto para ese joven entrenador, pero tal vez haya servido para hacer examen de conciencia.

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